Anselmo Pérez Blanco es mucho más que un profesor. En un currículum o en su vida laboral vendrían reflejados la friolera de 42 años trabajando en Salesianos Atocha. Pero Anselmo es mucho más que una cifra, porque él es puro corazón y así lo quisimos agradecer y valorar los alumnos y el profesorado de Bachillerato en un pequeño homenaje por su jubilación. 

Tras dedicarnos unas palabras en los últimos Buenos Días, por megafonía, en los que nos invitaba a todos a no dejar de soñar, llegó el turno de los merecidos aplausos. Hay ocasiones en las que un gesto vale más que mil palabras, ese momento fue uno de ellos. Y lo fue, porque todos los que lo vivimos recordaremos la emoción, el cariño, el agradecimiento, el reconocimiento y el sentimiento fraternal que sentimos por un profesor superlativo. Y ese adjetivo lo tiene bien merecido, no solo porque sea una Wikipedia viviente, un compendio de saber, sino porque es un maestro de vida. Él es una persona que sabe guiar con su ejemplo, que muestra sin señalar el camino, que enseña con humildad y, además de todo eso, es alguien con quien siempre puedes contar, porque cuida de todos.

 Anselmo es una persona única, que ejemplifica de manera natural, los valores salesianos de Don Bosco: entrega a los jóvenes, con alegría, sin juzgar, escuchando a cada uno de ellos y siendo sensible a la persona, por encima del alumno. Anselmo se jubiló el día 7 de noviembre, y a partir de ese momento, dejará de dar clase, pero nunca se irá de este colegio, porque siempre nos acompañará su ejemplo y buen hacer. Gracias por habernos enseñado tanto, dentro y fuera de las aulas.

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